Se volvió costumbre conformarse con un buen polvo. En tiempos de Tinder, Bumble, Inner Circle y todas las app de citas que puedan existir, se hizo costumbre conformarse con poquito a la hora de buscar pareja. ¿En qué momento nos creímos el cuento que tan solo el buen sexo era suficiente? ¿Dónde queda todo lo demás?
Es cierto que el amor está sobrevalorado. El amor no es ese sentimiento desenfrenado de excitación que le llaman las “mariposas en el estómago”. El amor verdadero y la felicidad tienen una vibración y una energía diferentes. Para empezar, no tienen nada que ver con el placer. La sensación es más parecida al sentimiento que te invade cuando sientes paz, tranquilidad, confianza, buena compañía, tolerancia, sueños compartidos, admiración y apoyo en los momentos difíciles, que en la vida nunca faltan. Yo lo llamo encontrar un refugio.
Por eso tenemos derecho a ser exigentes, a reclamar lo que queremos. Como dicen las tías y las mamás, que son sabias, nos merecemos lo mejor. Suficiente estrés manejamos en el día a día como para terminar metidos en una relación que nada nos aporte, o repitiendo patrones emocionales que no nos llevan a ninguna parte.
Porque al final, el amor también empieza con el amor propio.
Ser exigentes en el amor no es soberbia, ni egocentrismo, como algunos piensan. Todo lo contrario: es autoestima pura. Cuando aspiramos a lo mejor, estamos seguros que no vamos a pasarnos las “red flags”. Las mentiras, el machismo, la traición, la falta de interés, el ghosting y la infidelidad son algunos ejemplos. Pero cada uno tiene sus red flags. Lo importante es identificarlas y frenarlas en el momento justo.
Yo, por ejemplo, jamás estaré dispuesto a ser el “plan b” de nadie. Con toda seguridad, prefiero creer que siempre hay alguien que lo quiere a uno como plan A, B y C al mismo tiempo. Eso es lo que hace una persona que sabe lo que vale.
Shakira lo dice mejor que yo en su última canción: “Me dejaste por tu narcicismo…Yo te quiero, pero es que yo me quiero más a mí”. La verdad, yo habría sido un poco más ordinario, aprovechando que no soy cantante ni compositor. Yo a Piqué le habría cantado: si te crees la chimba, yo soy más chimba. Y no al ritmo de bachata, sino de champeta, que es más sabrosa.
Por supuesto, no pretendo ser el nuevo coach de las relaciones de pareja y el amor eterno. Mucho menos yo, que me separé hace un par de años. Por eso sé que las rupturas y las separaciones suelen ser dolorosas, pero generalmente ocurren porque llega un punto en el que se antepone la autoestima (de alguno de los dos, o de ambos). Es decir, cuando nos damos cuenta que algo nos produce sufrimiento, decidimos buscar la felicidad en otra parte. Esa es la verdadera libertad.
Quiero entonces invitarlos a exigir, a darse su lugar. Solo así dejaremos de conformarnos con migajas. Llegará el día que lo poquito deje de gustarnos. Vamos es por todo.
Lo describiste tal cual, yo dejé de conformarme con lo que me "tocaba" o creía que me tocaba y soy exigente con las cosas que quiero que me hagan feliz porque así realmente es delicioso vivir, con altibajos como en todo pero feliz.. :)
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