Evitar lo tóxico
Hay personas y parejas que pasan por nuestra vida para enseñarnos algo. Hay quienes contagian de muy buena energía y logran sacar la mejor versión de nosotros mismos. Pero hay otras que terminan aferrándonos a una relación tóxica, que poco nos aporta. Lo difícil es reconocer que la toxicidad viene cargada de una adicción emocional que nos mantiene insistiendo en algo que sabemos que no nos hace bien, pero tampoco somos capaces de soltarlo.La buena noticia es que es posible aprender a querer distinto, privilegiando la libertad, la confianza, la alegría, la atención a los detalles, la buena memoria con los gustos y preocupaciones de la otra persona, el respeto por su personalidad y sus opiniones, el trato amoroso, el apoyo genuino en los momentos difíciles y el interés por sus vidas y conversaciones, reafirmando el valor del amor y la amistad.
Disfrutar el presente y abrir el corazón
Las rupturas y las tusas son dolorosas, pero la vida nos pide a gritos que nos movamos hacia adelante, sin mirar atrás, sin forzar los sentimientos o las situaciones, sin sentir culpabilidad, sin darnos tanto látigo por nuestros errores y defectos, sin insistir cuando las cosas no fluyan naturalmente, sin gastarle tanta mente y energía cuando la relación simplemente no funcione.Si el amor es mutuo y verdadero, no deberá producirnos sufrimiento, sino paz. En el pasado, entenderlo nos permitió salir a buscar la felicidad en otra parte. En el presente, podemos decidir con quién definitivamente no vale la pena perder el tiempo, y podemos elegir con quién darnos una nueva oportunidad. Vivir extrañando con nostalgia lo que ocurrió antes no sirve para nada. Aunque lo hayamos tenido cerrado por un tiempo, aquí y ahora podemos volver a abrir el corazón. Nada más rico que encontrar con quien pasar los domingos en las tardes.
Dejar la mala maña de suponer lo que piensan los demás
En las relaciones de hoy, vivimos imaginando lo que piensan los demás. ¿Por qué vivimos suponiendo lo que siente la otra persona? ¿No sería más sano preguntarle? Tenemos derecho a preguntar.Quizás, a veces no lo hacemos porque nos gana el orgullo, el ego y la dignidad. O, tal vez, nos da pena armar un drama para los demás. Es apenas natural que no queramos parecer dramáticos, pero al final terminamos sufriendo el drama en carne propia solo por el hecho de no atrevernos a lanzar una pregunta.
Conseguir una simple respuesta nos daría mayor tranquilidad, y eso debería valorarse con más fuerza. Nos la pasamos suponiendo lo que piensan los demás a punta de intuición, o preguntándole a un tercero lo que opina (casi siempre la mejor amiga o amigo).
Lo chistoso es que nuestros mejores amigos ahora inciden, sin proponérselo, en el presente y el futuro de las relaciones. Los llenamos de audios, llamadas, historias y pantallazos para saber qué hacer. Se vuelven hasta terapeutas y consultores sobre cómo debemos actuar con nuestros cuentos o parejas. Pero no hay necesidad de estar suponiendo lo que piensan los demás. Siempre podremos reclamar nuestro derecho a preguntar.
No te quedes con guardados
¿Quién se inventó que debíamos callarnos las emociones? Eso es un combustible para la tristeza, el estrés, la insatisfacción, el insomnio, la rabia, la ansiedad, la angustia o la depresión. ¿Quién dijo que no podemos expresar lo que estamos sintiendo o buscando?¿Qué hay de malo en contarle a la persona con la que estamos saliendo que algo nos dolió, o que algo nos tiene pensativos o inconformes? ¿Cuáles son las ganas de ocultarlo? Amo el silencio, pero a veces no tiene ningún sentido.
Se acerca el fin de año y no tenemos que quedarnos con ningún sentimiento guardado en el corazón.
Y tú, ¿a quién quisieras preguntarle lo que piensa? ¿A quién te gustaría decirle lo que sientes? ¡Hagámoslo mejor!
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