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Carta a mis mejores amigos


Hace 17 años, uno de mis mejores amigos del colegio me dio una lección de vida: me regaló la plata para poder pagar el primer semestre de la universidad. Nunca se lo pedí; él tampoco tenía porqué hacerlo. No fue un favor, ni un préstamo. Lo hizo generosamente sin pedirme nada a cambio, salvo mi amistad incondicional y verdadera. 

Recuerdo que una mañana recogí el cheque por valor de $4.500.000 y, seis meses después, le escribí una carta a su mamá. Le regalé unas flores y le dije: “Querida Esperanza, quiero contarte que me gané una beca por el promedio de calificaciones conseguido en el semestre. Es mi manera de darte las gracias por haber confiado en mí. Estaré agradecido contigo de por vida”.

Así de poderosa es la amistad. Más que amigos, esas personas se vuelven tus hermanos, tu familia, tus cómplices. A ellos y ellas quiero dedicarles este capítulo. Con algunos amigos nos distanciamos en el pasado, pero hoy estoy aquí para reencontrarnos nuevamente, tal vez más viejos, pero también más maduros y sensatos. A veces las amistades van y vuelven, pero personas como ustedes, que en distintos momentos han sido mis mejores amigos, quiero tenerlos cerca para siempre.

Los mejores amigos y amigas son también un reflejo de nosotros mismos. Tanto así que con algunos nos sentimos plenamente identificados y nos da risa de solo verlos.

Lo cierto es que hay amigos y amigas para cada ocasión. Los hay para la rumba, para pasar la tusa o el guayabo, para viajar y conocer pueblitos, para ir a conciertos, para chatear todo el día, para hacer compras, para tomarse un vino o una buena pola, para montar emprendimientos, para hacerse tremenda compañía, para cocinar, para hacer matoneo, para cuidarle a uno la mascota, para jugar PlayStation o futbolito, para ir al parque, para echar chisme, para rajar de la gente o para aprender algo diferente.

Hoy quiero invitarlos a compartirles este blog a esos amigos a los cuales quisieran recordarles que es una chimba tenerlos en su vida.

Mándenle este capítulo a esos amigos con los que no hablan hace rato, pero los extrañan y les hacen mucha falta. Rótenlo con quienes se toman sus buenos tragos; con aquellos que tuvieron hijos, se casaron y se perdieron del mapa; con esos monosílabos por chat que da pereza hasta escribirles, pero uno sabe que son buen parche; con los “drama queen”, con los que siempre dicen que están más ocupados que el presidente, pero en los momentos tristes nunca faltan; y con esos con los que les gustaría volver a empezar de cero. Seguro valdrá la pena. 

Compártanlo con esas amigas y amigos que a esta edad están bien cascados y ya ni salen de la casa, pero uno sabe que los ama. 

Envíeselo a esos amigos que graban severos podcasts insuperables como si fueran locutores de radio. Confirmo que yo soy uno de esos. Me gusta contar y escuchar cuentos repletos de detalles que generan vínculos muy fuertes. Así he aprendido a conocerlos y quererlos por encima de todo. 

A esos amigos y amigas que están ausentes en su día a día pero siempre están presentes cuando la vida se complica, hágales saber que los quiere un montón. Por favor, hágale llegar este post a esos amigos del alma que están fuera del país, viviendo sin sus familias. Aún en la distancia, ellos nunca han ocupado la silla del olvido. Están lejos pero podemos acercarnos.

A ese amigo diferente que usted admira, dígaselo. A ese otro que se la pasa bebiendo y enrumbado, llámelo para que invite. Si alguna vez la embarró con una amiga, siempre será un buen momento para abrazarla y pedirle perdón. En fin. Que se vuelva costumbre rendirles un homenaje a los amigos. Se lo merecen, se lo han ganado con los años.

La amistad se lleva en la sangre y en la piel. Uno sufre, disfruta, baila, organiza los cumpleaños, se convierte en padrino o madrina, envejece, vive y llora con los amigos e incluso con sus parejas. Es un sentimiento, una pasión, una fuerza que permanece con el tiempo. Como diría Messi, no traten de entenderlo.

Por eso tengan toda la seguridad que ustedes y sus familias pueden contar conmigo. Si puedo ayudarlos, lo haré feliz. No hay nada más auténtico que el amor por los amigos. Uno quiere que la rompan, que la vida les sonría, que la saquen del estadio, que celebren en grande y que inviten a los matrimonios.

Quizás no se los digo con frecuencia, pero si alguna vez se han preguntado qué pienso de ustedes, hoy quiero responderles: ¡los quiero mucho, amigas y parceros!

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